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enviado por Feli Ruiz García
5 de septiembre de 2016
ABARÁN RESUCITADO
Se acercan nuestras fiestas patronales; un remanso en nuestro trajín habitual y la ocasión para reflexionar y comenzar un nuevo curso con renovadas energías. Y como la fe y la esperanza son lo último que se pierden, o mejor dicho, no deberíamos perderlas nunca, ¿por qué no creer que nuestro pueblo es capaz de renacer, no de sus cenizas -tampoco hay que exagerar- pero sí de su crisis vital, de su abulia manifiesta y de su agarrotamiento funcional, tan ajeno a nuestro lema de villa emprendedora y 'echá palante'?

Los recuerdos y la añoranza de lo que fuimos, los lamentos por nuestros problemas actuales, no nos ayudarán a despegar ni a salir del bache, pero un examen de conciencia y un propósito de enmienda serios nos vendrían de perlas. Porque tenemos que resucitar, porque tenemos que resurgir.

Un sabio murciano acaba de inventar la pólvora y ha publicado en su página de Internet lo que él llama el proyecto “HORCON”, que dice será útil para la Comunidad Regional y para los municipios libres de prejuicios que no tengan inconveniente en convertirse en alumnos de perogrullo.

El primer requisito, como se ve, es que haya un árbol con mucha fruta, o sea un alcalde y unos concejales con autoridad, que formen un conjunto con proyectos de peso, que puedan madurar, y que sean comestibles. Si en vez de un tronco fuerte y unas ramas en su sitio tenemos una atocha de esparto, el truco no funciona.

Segundo, lo del horcón, que representa a la gente del pueblo comprometida y deseosa de que las ideas prosperen, gente que pueda aportar esas mismas ideas, o que pueda mejorarlas tras las discusiones necesarias, o que pueda trasmitirlas al conjunto del pueblo para información del resto de ciudadanos; que forme el andamiaje y el sostén de los proyectos que las mismas significan. Esto pocos dirigentes públicos lo comprenden y lo desarrollan y lo practican; en cambio es el pan nuestro de cada día en las empresas privadas y en las corporaciones bien gobernadas.

Y es que cuando las corporaciones están divididas, si no enfrentadas, si no bloqueadas por la absurda prioridad de la idea de pertenencia a un partido; cuando la lucha interna exige más esfuerzo que el que precisan los verdaderos problemas del pueblo, mal puede ir la cosa si, al menos, no se encuentra un foro más sosegado, más razonable, que eche una mano para mejor cuajar y sostener el fruto del árbol municipal.

Luego está lo de la educación.

Queremos “agua para todos”, para nuestros hogares, para nuestros campos sedientos. Hay que reírse de la exigencia. Pero si precisamente el problema es que no hay, ni habrá, agua para todos. ¿Cómo va a haberla si cada día hay menor disponible por el cambio climático que nosotros mismos provocamos y no hemos aprendido a ahorrarla en primer lugar como un bien escaso y preciadísimo?

Queremos limpieza en el pueblo. Hay que troncharse de risa con el deseo ¿Cómo no va a estar sucio el pueblo si nosotros nos dedicamos con verdadera fruición a ensuciarlo?

Queremos menos ruido. ¿Pero cómo no va haberlo si cada uno circulamos como nos da la gana?

Queremos respeto al mobiliario urbano e instalaciones municipales. ¿Pero cómo se van a respetar si no educamos a nuestra gente a hacerlo, ni castigamos ejemplarmente a los culpables?.

Queremos…

Claro que es legítimo y querer y exigir, pero empezando primero por la educación, el respeto y el esfuerzo de cada uno de nosotros; por inculcar la unión, el amor a nuestro pueblo. Y eso se hace en las escuelas, en las familias, en la calle…, primero con el ejemplo de los dirigentes, sin eso nada, sino todo lo contrario; al mismo tiempo lanzando las campañas que ilusionen y que motiven a la gente a hacer de Abarán un pueblo respetable y respetado por sus habitantes.

Que la Corporación unida, escuche y dé paso a los “horcones”.

Después de las fiestas, Abarán resucitado.

Feli Ruiz García
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