
El problema crónico de la ausencia de agua potable en el paraje abaranero de El Boquerón / Casablanca vuelve a ocupar espacio en los medios de comunicación. En esta ocasión, el programa Murcia Conecta de La 7 Televisión se ha desplazado hasta este lugar para recoger, in situ, el testimonio de algunos de los vecinos que llevan años y años viviendo sin el suministro básico más elemental y que ven cómo el tiempo pasa sin que se materialice una solución.
Los aproximadamente 50 vecinos que residen de manera permanente en este paraje se abastecen mediante cubas, pozos y aljibes, recurriendo en muchos casos a aguas no tratadas de balsas de riego. Un proyecto para llevar el agua del Taibilla desde Hellín (Albacete) fue aprobado hace siete años, pero las obras nunca se iniciaron, sumiendo a la población en una frustración cada vez mayor.
En su visita, nuestros compañeros de La 7 recogieron distintas entrevistas realizadas a varios de los afectados, quienes vuelven a alzar la voz para exponer una realidad que califican de «injusta y propia del siglo XIX».
Las voces de la sequía y el abandono
Del amplio reportaje emitido en la televisión autonómica, destacan las opiniones de varios vecinos que detallan cómo es su día a día:
- Sobre la calidad del agua a la que están obligados a recurrir, uno de los vecinos expone: «Nos arreglamos con aguas de las balsas de regadío, aunque suele venir llena de sedimentos, de brozas, de animales muertos».
Antonia, una vecina de 70 años que vive sola, destaca no solo el problema del agua, sino también la inseguridad que se vive en la zona. Tras varios robos en su vivienda, se vio obligada a tomar medidas drásticas: «Cuando enviudé, me saqué la licencia de armas, sobre todo para defenderme de los posibles ladrones», relata. Además, explica el coste económico que le supone tener que abastecerse del líquido elemento: «Para el tema del agua lo que tengo es un aljibe, y eso me supone la friolera de 1000 euros al año».
El testimonio más gráfico sobre las dificultades logísticas lo ofrece Joaquín Cobarro, presidente de la Asociación Sierra de la Pila Norte. En su condición de discapacitado, describe cómo es el tortuoso proceso para obtener agua de un pozo: «El agua que viene de los pozos tiene que recorrer cerca de un kilómetro, pasa por una balsa llena de sedimentos y tengo que poner varios filtros. Con esa agua friego, lavo y me tengo que duchar porque no tengo otra cosa. Yo vivo solo, tengo una discapacidad que me obliga a moverme en silla de ruedas, y me las tengo que arreglar como pueda».
Joaquín alerta de la despoblación y la desesperanza: «Al final esto se va a quedar vacío, se va a convertir en un pueblo fantasma». Además, señala la incongruencia administrativa: «Los proyectos están terminados, el agua la tenemos, un excedente que nos concedió el Ayuntamiento de Hellín, pero los políticos lo único que saben decir es que no hay dinero».
Un problema que va más allá del agua
El reportaje también pone de relieve otras carencias que agravan la situación para los vecinos de esta zona: una carretera de un solo carril por la que, en época de recolección de la fruta, circulan gran cantidad de camiones; la falta de alumbrado público —algo que contrasta con las viviendas que se encuentran en lo que es el término municipal de Jumilla, que sí lo tienen—, y una sensación de inseguridad generalizada que ha llevado a los vecinos a instalar cámaras de seguridad y a reforzar puertas y ventanas ante el temor de sufrir un robo.
Y así, mientras siguen esperando como agua de mayo que la administración dé un paso al frente y saque adelante este proyecto, los vecinos han dado un paso al frente y se han constituido en una plataforma para intensificar su lucha. El objetivo es claro: coordinar sus esfuerzos, llevar su caso a todas las instancias necesarias y no cejar en el intento hasta lograr una solución definitiva. «Llegaremos hasta donde haga falta», avanzan.















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