
Ignacio Gea tiene tres reuniones de trabajo esta semana, con un empresario, un productor agrícola y una médica. Estos profesionales de distintos sectores tienen en común una cosa: buscan un búnker para disponer de un espacio seguro ante el creciente panorama bélico internacional.
«Hay mucha gente que tiene miedo», subraya Ignacio Gea Gómez, CEO de Murcia Bunker Solution. «Solía recibir unas cinco llamadas diarias de clientes potenciales, pero hemos recibido muchísimas más desde que estalló la guerra en Irán».
El dato puede parecer pequeño, salvo si se tiene en cuenta que el desembolso mínimo oscila de 80.000 a 120.000 euros y de que solo se trata de la delegación murciana de la compañía estatal VIP Búnker, cuya demanda se ha visto espoleada por la 'Operación Furia Épica' de Estados Unidos que ha matado al ayatolá iraní Ali Jameneí.
Entramos a una casa de campo y atravesamos el salón para llegar a unas escaleras, por las que se desciende a una estancia secreta, precedida de una ducha para eliminar elementos radiactivos, y cuya puerta de hierro pesa la friolera de 500 kilos.
«La estructura está compuesta por un cajón de hormigón reforzado, dentro de un contáiner de hierro con una soldadura industrial reforzada. Este búnker, valorado en 120.000 euros, tiene una superficie de 42 metros cuadrados y una capacidad para cuatro personas», según detalla este empresario abaranero de 52 años.
- ¿Cuáles son las características de este búnker?
- Ignacio Gea: Cuenta con un aparato que depura el aire para garantizar que está libre de compuestos químicos; tiene conexión a internet vía satélite, un depósito de agua de 750 litros y una batería auxiliar de electricidad por si todo falla. También hay ducha, un aseo con un depósito que se vacía cada quince días, lavadora, secadora, cocina, frigorífico, termo de agua caliente, televisión y sofá. Es como una casa.
Pero una vivienda que causa pavor pensar el escenario en el que podría ser utilizada, bien por una guerra mundial o por el lanzamiento de una bomba nuclear. El búnker cuenta con cuatro trajes NBQ: uno para cada uno de sus inquilinos. Es decir, una prenda integral, sellada herméticamente, para blindar a su usuario ante amenazas radiactivas, biológicas y químicas.
«Hay una ducha antirradiación para limpiar el traje NBQ, en caso de que tengamos que salir a la superficie a buscar comida, cualquier otro enser o a vaciar el depósito del aseo del búnker», tal y como advierte el CEO de Murcia Bunker Solution.
- ¿Cuál es el perfil de sus clientes?
- Empresarios y deportistas sobre todo, pero también médicos y profesores que se gastan de 120.000 a 200.000 euros.
Aunque el búnker se diseña a gusto del consumidor, con la capacidad y prestaciones que se deseen, incluidos caprichos como una PlayStation para jugar a videojuegos mientras en la superficie prosperan conflictos bélicos como el de Rusia con Ucrania o el de Oriente Medio que ha desatado el presidente norteamericano, Donald Trump.
Los armarios de la cocina almacenan material apocalíptico: un botiquín de primeros auxilios, pilas, cerillas, un transistor o latas de comida en conserva para un regimiento. «Comencé en este sector en enero de 2025 y ya he comercializado seis búnkeres solo en los últimos cuatro meses».
- ¿Por qué decidió convertirse en socio de la compañía de Fernando Díaz: VIP Búnker?
- Ignacio Gea Gómez: Hay un nuevo orden mundial con la guerra de Rusia en Ucrania, la de Israel en Palestina y el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. Hay una creciente preocupación de la gente por las guerras, pero también por la seguridad ciudadana porque este tipo de búnkeres pueden funcionar como una habitación del pánico.
Hay muchos asaltos a viviendas con las personas dentro de sus casas y si los inquilinos se meten en el búnker, nadie puede entrar ahí mientras que uno llama a la Policía.
- ¿No le causa yuyu comercializar un producto así?
- No. En el fin del mundo habrá gente que sobrevivirá si tiene un búnker.
La venta de mayor cuantía de la compañía se ha producido en Casteldefells: un búnker para 12 personas, con todo lujo de detalles, valorado en 400.000 euros. «Nuestro precio de partida son 80.000 euros, a partir de ahí lo hacemos a gusto del consumidor».
- ¿Qué es lo que más suele preguntarle un cliente potencial?
- La gente tiene mucha curiosidad. Lo primero que me preguntan es si esto es verdad. Luego se interesan por cuestiones técnicas, por el precio, por las condiciones de pago y por el plazo de entrega.
La fabricación de los búnkeres tiene lugar en Madrid y se garantiza que en un mes se entrega la infraestructura al cliente, siempre y cuando adelante el 50% del importe en un solo pago.
«Después del primer contacto, cuando existe un interés real por comprar, los clientes nos piden visitar personalmente un búnker, para conocer su distribución, las medidas, su equipamiento, comprobar cómo funciona el aparato que depura el aire, la cobertura que tiene a internet, etc».
No cabe duda de que el miedo es libre, sobre todo cuando el panorama internacional no cesa de acumular nuevos conflictos armados, cuyos protagonistas tienen armamento nuclear. «Esta compañía no puede sufrir pérdidas porque solo producimos bajo demanda. Cada búnker es personalizable».
Reportaje recogido de EL ESPAÑOL por Jorge García Badía.
















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