Miguel Fernando Gómez no es nuevo en estas lides pero comienza su andadura como presidente del Colegio Oficial de Médicos de Albacete con mucha emoción y mucha responsabilidad. Tiene las ideas muy claras sobre cómo conducir la Casa de casi 1.900 colegiados, sobre todo con transparencia y austeridad, y hacerla cercana a todos, porque es «la casa de todos». Este abaranero, dedicado a la medicina, es protagonista de una entrevista realizada por la periodista Mercedes Martínez para el diario ‘ABC’, de la que aquí les acercaos un extracto.
– ¿Cómo llega un murciano de Abarán hasta Albacete?
– Yo terminé la carrera en junio de1979 y me tuve que venir a Albacete en 1980, por mediación de un primo de mi mujer, porque no había trabajo en Murcia. Fue muy curioso porque me las prometía muy felices diciendo que iba a trabajar en mi pueblo, en Abarán, donde en junio de ese año había cuatro médicos de medicina general y un pediatra y pensé, «alguien me dejará estas vacaciones hacer las sustituciones», y… ni me dejaron. Entonces, me vine a Albacete a trabajar en Medicina general y en 1981, un compañero de piso, el oftalmólogo, Julio Montoro Durán, se quedó sin ayudante y me pidió que me fuera con él. Así lo hice. Empecé con él por las tardes, en el San Juan Bautista, donde actualmente está el INSS, en la Avenida de España, ese era el ambulatorio de especialidades. Mientras por las tardes estaba con Julio, por las mañanas me iba a trabajar al Servicio de Oftalmología con Juan Belmonte, Julio Carrilero, Pedro y Roberto Ganzo.
– Lleva entonces 33 años en Albacete. ¿Se considera ya manchego o sigue manteniendo la vena murciana?
– Pues, me considero castellano manchego porque, como bien dice, llevo 33 años aquí, mi hija nació aquí, y, sobre todo, porque la gente me ha recibido muy bien. Pero, siempre que puedo y tengo ocasión regreso a mi pueblo, Abarán, un pueblo pequeño, de 12.000 habitantes, que curiosamente da muchos médicos. Y, no sé a qué se debe pero hay mucha tradición de hacer medicina allí.
– ¿Cuál fue su primer destino?
– En el 84 me examiné de la especialidad en Murcia y la saqué en octubre de ese año. A raíz de obtener la especialidad, me presenté a una plaza de Oftalmólogo y aprobé. Mi primer destino fue en Valdepeñas. Estuve más de tres años allí. Y, con una compañera, Pepa Salido Belda, fuimos los primeros de toda Castilla-La Mancha en poner lentes intraoculares. Eso fue en septiembre de 1987. Cuando nadie ponía lentes y estaban empezando con ello, fuimos los primeros en Valdepeñas. En 1990, abrieron el Hospital de Hellín y me vine aquí. En enero del 93 ya me vine a Albacete, con plaza desde el 91, y desde entonces estoy aquí.


