Dos abaraneros, padre e hijo, coronan el Pico Taillón (3.144 m) en el Pirineo francés tras una exigente jornada de nueve horas

La mítica Brecha de Roland fue uno de los obstáculos que debieron superar

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Dos vecinos de Abarán, J. Perfecto y Álvaro Gamboa, alcanzaron el pasado 18 de julio la cima del Pico Taillón, uno de los tresmiles más emblemáticos del Pirineo francés. Se trata, además, de una nueva aventura compartida entre padre e hijo, dos grandes aficionados a la montaña que aprovechan su tiempo libre para disfrutar de este tipo de experiencias rodeados de paisajes de altura.

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El punto de partida fue el parking de Col de Tentes (2.000 metros sobre el nivel del mar), al que se accede en apenas 20 minutos desde el pueblo de Gavarnie. Desde allí, los abaraneros iniciaron la marcha por una antigua carretera sin desnivel hasta el Puerto de Bujaruelo, para después tomar un sendero que remonta la loma de la montaña por una zona pedregosa muy transitada.

En el camino tuvieron que salvar una torrentera que, según relatan, supone «un paso arriesgado». Superado este tramo, el sendero zigzaguea hasta llegar al refugio de Sarradets, tras unas dos horas de marcha, desde donde ya se divisa la famosa cascada de Gavarnie, de más de 300 metros de altura.

Dejando atrás el refugio, los dos montañeros atravesaron el glaciar de la Brecha, un tramo nevado que recorrieron sin crampones y durante el que sufrieron varias caídas. Tras una hora de travesía, llegaron a la Brecha de Roland, uno de los lugares más emblemáticos del Pirineo, desde donde se divisa todo el Valle de Ordesa.

Desde ese punto, y sorteando algún que otro paso expuesto, alcanzaron el famoso «Dedo» de la Brecha antes de encarar el tramo final hacia la cumbre.

A las 11:37 de la mañana, tras cinco horas de ascenso desde el collado, ambos coronaron el Puc du Taillón, a 3.144 metros de altitud y, después de las fotos de rigor para inmortalizar ese momento, iniciaron lo que ellos mismos describen como un «vertiginoso descenso» hasta el refugio, donde repusieron fuerzas antes de completar las dos horas restantes de vuelta hasta el Col de Tentes, a donde llegaron sobre las cuatro de la tarde.

En total, la aventura se saldó con nueve horas de actividad y 18 kilómetros recorridos, en una ruta que definen como «difícil», con un desnivel positivo de 1.200 metros.

Los propios protagonistas resumen así la experiencia: «Preciosa ruta a uno de los tresmiles más asequibles del Pirineo», aunque recuerdan que «requiere de una buena forma física», si bien no presenta grandes dificultades técnicas, lo que la convierte en una opción ideal para quienes buscan disfrutar de la alta montaña.