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Únicamente el sordo redoble de un tambor y el crujir de la madera de las varas que descansan sobre los doloridos hombros de los anderos rompen el silencio de la noche. El reloj de la iglesia de San Pablo marca el comienzo de la procesión. La última de las campanadas de la medianoche trae consigo la oscuridad que reinará sobre el recorrido que habrá de hacer Jesús en la Cruz.
La luz de las velas que portan dos interminables filas de personas y los báculos de los nazarenos de la Hermandad del Cristo del Silencio hacen un poco visible la penumbra. Es un momento en el que muchos recuerdan, una vez más, aquella saeta popular:
‘¿Quién me presta una escalera
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?’
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?’
Abarán 2019 Severísima Procesión del Silencio


