La Agrupación Musical Santa Cecilia de Abarán y la Unión Musical Santa Cecilia de Enguera compartieron escenario —y director— en una edición histórica del festival, con Francisco José Ríos López al frente de ambas formaciones y una interpretación conjunta final como símbolo de unidad entre los dos municipios.
El Teatro Cervantes de Abarán vivió este sábado una velada que difícilmente olvidaremos quienes tuvimos la fortuna de estar presentes. La 35ª edición del Festival de Bandas ‘Villa de Abarán’ —celebrada de manera excepcional en junio para sumarse a los actos del centenario del coliseo abaranero— reunió sobre sus tablas a dos sociedades musicales que, más allá de compartir nombre, han descubierto tener mucho más en común de lo que imaginaban.
En esta ocasión, la Agrupación Musical Santa Cecilia de Abarán ejerció de anfitriona de lujo ante la Unión Musical Santa Cecilia de Enguera, procedente de la provincia de Valencia. Una banda con raíces que, tal y como se recordó durante la presentación del acto, se remontan al siglo XIX, lo que la convierte en una de las agrupaciones con mayor solera de toda la Comunidad Valenciana. Sus credenciales son de primer nivel: mejor banda española en el certamen mundial de Kerkrade (Países Bajos) y primer premio con mención de honor en el certamen provincial de Valencia con una puntuación histórica. A ello se suma una plantilla de 80 músicos —una veintena de ellos profesionales— y una escuela de música que acoge a cerca de 120 alumnos.
Pero si había un elemento que convertía esta edición en verdaderamente singular, ese era Francisco José Ríos López. El músico y director ciezano, que dirige ambas formaciones, fue el hilo conductor que hizo que «Abarán y Enguera, Enguera y Abarán sonaran como una sola banda», porque, más que compartir un mismo escenario, ambas agrupaciones compartieron «un mismo latido y una misma forma de sentir la música».
La Unión Musical Santa Cecilia de Enguera abrió el festival con el pasodoble Certamen Levantino, del maestro Pascual Marquina; el poema sinfónico Casiopella, de Carlos Márquez; y la suite The Wind in the Willows (El viento en los sauces), de Johan de Meij, estructurada en cuatro partes. A continuación, nuestra banda interpretó Diego Pérez, de David Rivas Domínguez; Persis, poema sinfónico de James Curnow; y, como broche final, The Phantom of the Opera, de Andrew Lloyd Webber, con arreglo de Johan de Meij.
Tras las actuaciones, llegó la imposición de corbatines conmemorativos en los banderines de ambas bandas, momento que dio paso a la intervención del presidente de la Agrupación Musical Santa Cecilia de Abarán, Antonio Gómez, quien tomó la palabra para ensalzar el valor del Teatro Cervantes en su centenario y para referirse al trabajo del director, que este día hacía doblete: «Se ha marcado una encerrona, ha sido capaz de lidiar con más de 100 músicos él solito», dijo, con un elocuente símil taurino.
El alcalde de Abarán, Jesús Gómez, intervino a continuación para destacar la calidad de las interpretaciones y la «unión que hay entre los dos municipios» gracias a la música. Aprovechó también para felicitar a los jóvenes músicos que se incorporan a la banda desde la Escuela Municipal de Música. El regidor anunció además que la visita de reciprocidad se producirá el próximo 11 de julio, cuando la banda de Abarán se desplace a Enguera para ofrecer allí un concierto, reforzando así el hermanamiento entre ambas localidades.
Por su parte, la concejala de Cultura, Penélope Luna, en nombre del Ayuntamiento de Abarán, impuso a la alcaldesa de Enguera y a su concejal de Cultura el pin de plata de las Norias de Abarán como recuerdo simbólico de su paso por este festival.
Para terminar, el propio director, Francisco José Ríos, quien con generosidad cedió todo el mérito a sus músicos, al público y a las juntas directivas de ambas agrupaciones y ambos ayuntamientos, reivindicó la cultura como «el verdadero patrimonio de los pueblos», expresó, cogiendo de nuevo la batuta para despedir el festival dirigiendo a ambas bandas en la interpretación del pasodoble ‘Ateneo Musical’, compuesto por Mariano Puig Yago, que sonó al unísono como símbolo definitivo de fraternidad entre las dos formaciones.
Así se cerraba este XXXV Festival de Bandas ‘Villa de Abarán’, en esta edición convertido en una fiesta de la música, de la amistad entre pueblos y del patrimonio cultural que estas agrupaciones llevan preservando durante generaciones. Y todo ello en el escenario más apropiado: un Teatro Cervantes que, con cien años de historia a sus espaldas, sigue siendo el corazón cultural de Abarán.