SOCIEDAD

«A 7.000 metros de altura el mundo es un poco mejor»

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Al fin han podido cumplir uno de los sueños de su vida: escalar el mítico Aconcagua, en Argentina, de casi siete mil metros de altitud. Los abaraneros Álvaro Cano Tornero, de 35 años; Ignacio Tornero Aragonés, de 33, y Jorge Barba Ramos, de 30, junto al alicantino Antonio Alfonso Navarro de 53 han sido protagonistas de ‘La Gacetilla’ en el diario La Verdad, a través de una entrevista de Jesús Yelo.

¿Cómo surgió la idea de escalar el Aconcagua?
– Ocurrió de forma natural. Los montañeros siempre estamos buscando nuevas metas y el Aconcagua era una continuación natural en nuestro recorrido, con el aliciente de que es la montaña más alta de América.

¿Qué es lo primero que se les pasó por la cabeza ya en la cima?
– Cuando pusimos un pie en la cumbre, culminaron dos años de trabajo, inquietudes e ilusiones. Pero satisfacción es la palabra adecuada, y mucha felicidad al vernos allí arriba.

¿Cómo se ve el mundo a casi siete mil metros de altitud?
– La visión desde cualquier alta montaña es impresionante e infinita. Pero el concepto visión es algo más íntimo, es lo que el montañero siente allí después de realizar su hazaña. El mundo es un poco mejor.

Tenemos entendido que estuvieron a 20 grados bajo cero.
– Sí. La mañana del día de cumbre, antes de salir el sol alcanzamos, los 22 grados bajo cero. Sabíamos que algo así sucedería y estábamos preparados, aunque algunos tuvimos principio de congelación en pies y manos.

¿En algún momento corrió peligro vuestras vidas?
– No. Esta montaña por su ruta normal no es excesivamente peligrosa. Pero como en toda montaña, son muchos los riesgos que se asumen y una situación con un mal desenlace es fácil que ocurra. Nosotros sufrimos lo nuestro: mal de altura, principio de edema pulmonar, fatiga extrema y temporal de viento.

¿Cómo transcurría una jornada allá arriba?
– Los primeros días transcurrieron tranquilos debido a la necesidad de permanecer en el campo base para aclimatarnos, pero estábamos obligados a beber cuatro o cinco litros de agua al día, la comida era escasa y siempre la misma. La paciencia es el secreto y el compañerismo, la base para el triunfo.

¿Es la primera expedición que hacéis juntos?
– Sí, es la primera vez que hacemos juntos un proyecto de estas dimensiones. Para estar tanto tiempo conviviendo con otra gente, en las condiciones de montaña, hay que conocerse muy bien.

¿Qué otros proyectos llevan entre manos para este año?
– Cuando bajamos del Aconcagua decíamos que íbamos a estar seis meses sin hacer nada, pero ya estamos preparando la escalada al Naranjo de Bulmes y una escapada a Los Alpes este verano.

¿Qué les ha aportado esta aventura? ¿Ha sido un sueño?
– Nos hemos preparado para saber controlar todo lo que nos podía ocurrir en la montaña, pero cuando regresas, eres un montañero más, eso es lo que traes, además de la satisfacción de haber cumplido un sueño.

¿A quién dedican esta hazaña?
– A todas esas personas que han hecho un esfuerzo en comprar una camiseta o que nos han dado lo que han podido de la caja de su negocio, y, por supuesto, a nuestras familias, parejas y amigos que han estado sufriendo por nosotros desde que nos fuimos hasta que regresamos.

¿Un deseo?
– Deseamos a todas las personas que practican esta clase de deportes, que extremen la precaución cuando salgan al monte. Una actividad en la montaña es muy gratificante, pero el peligro siempre está ahí.