SOCIEDAD

Abarán y Yecla despidieron al sacerdote Don Francisco García

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El que fuera párroco de la iglesia de San Juan Bautista hasta septiembre de 2012, D. Francisco García Gras, fallecido el martes, recibió cristiana sepultura ayer por la tarde tras la misa funeral oficiada en la parroquia de la Purísima Concepción de Yecla, su ciudad natal. Unas doscientas personas de Abarán se desplazaron a bordo de dos autobuses y en numerosos vehículos particulares para dar su último adiós al recordado y querido sacerdote que ejerciera como tal en nuestro municipio durante 25 años.

El 9 de septiembre de
2.012, justo el día en el que oficiaba su última misa en Abarán, el diario ‘La
Verdad’ le dedicó su sección ‘La Gacetilla’ a través de una entrevista de Jesús
Yelo, entrevista que aquí volvemos a reproducir de manera íntegra:

«He estado alegre y feliz en Abarán, y me voy triste por tener que dejaros»

Aunque yeclano de nacimiento, se siente como un abaranero más. De hecho, de un total de cuarenta y ocho años que lleva como sacerdote, veinticinco de ellos los ha vivido como párroco de la iglesia de San Juan Bautista de nuestro municipio, todo un récord como reconoce el propio D. Francisco, que cuenta ya con 72 años. Tras estar los primeros veintitrés en once parroquias distintas, llegó en septiembre de 1987. Ahora se marcha a su pueblo como capellán del hospital Virgen del Castillo. Nazareno de Honor en el año 2009, Francisco García se despedirá hoy de sus fieles en la misa de las11:30 y le dará la bienvenida al que será desde hoy mismo su sustituto: Antonio Castaño.

Después de tantos años en Abarán, ¿Le queda alguna asignatura pendiente?
– Asignaturas pendientes siempre quedan. Creo que he cumplido como he podido mi misión de sacerdote. He intentado ayudar a todas las personas que han acudido a mi y he procurado llevar a Jesús a los distintos lugares de la parroquia. He estado con los niños, los adolescentes, los mayores, los ancianos y los enfermos. Siempre he intentado acercarles a Jesús y dar respuesta a los problemas que me presentaban.

Al ser su parroquia la segunda en construcción, ¿ha sentido  algún tipo de discriminación?
– Al contrario. Las personas de Abarán, en general, me han aceptado bien, aunque eso no quiere decir que no haya podido tener fallos o que en algún momento me haya podido sobrepasar en algunas situaciones, pero, en general, creo que me han querido.

¿Cuáles son los mejores recuerdos que se lleva de los feligreses abaraneros?
– Los mejores recuerdos son como se han acordado de mí en los momentos en los que, por distintas circunstancias, he tenido que estar alejado de la parroquia a causa de la enfermedad, siempre, incluso en esos momentos de lejanía física, se acordaron  y pidieron al Señor por mí. ¡ Muchas gracias !.

¿Algo que reprochar?
– A nadie reprocho ni reprocharé nada porque nadie ha merecido ningún reproche. Sólo tengo para motivos de agradecimiento y aceptación todos. He estado alegre y feliz en Abarán y me voy triste por tener que dejarles.

A nivel personal, ¿Cuáles son sus virtudes y sus defectos?
– Defectos, tenerlos los tengo, y muchos. En cuanto a mis virtudes, no soy el más adecuado para responder, sois vosotros que lo habéis visto y vivido, los que podéis manifestarlos. Y sobre los defectos, tengo que deciros que me habéis ayudado mucho a ir retirando algunos o muchos de los que tengo.

¿Algún enfrentamiento con la clase política o párrocos  que hayan pasado por el pueblo?
– He intentado no enfrentarme con nadie, y si por algún motivo ha habido algo -que no recuerdo- desde mi despedida les pido que me perdonen.

¿Es la Iglesia ajena a la crisis?
– No puede ser ajena y no lo es. Ahí está Caritas, la gran acción de la iglesia que ayuda materialmente siempre a tanta gente necesitada. Y ahí está la Iglesia, dando respuesta y dando todo lo que tiene para solucionar las necesidades y problemas que le presentan.

¿Principales proyectos llevados a cabo?
– Uno de los más importantes, casi desde el principio, fue el agua, porque cuando llovía, caía más agua dentro de la iglesia que en la calle. Después el arreglo del tejado, y luego, las paredes, que a veces casi se nos inundaba media iglesia del agua que entraba. Pero lo más importante ha sido la catequesis y el estupendo grupo de catequistas con el que siempre hemos contado. Pero todo ha sido obra de todos.

¿Por qué cree que a los jóvenes de hoy les cuesta tanto plantearse la opción al sacerdocio?
– Porque en el mundo y en la sociedad en la que nos movemos, manda el materialismo y el consumismo, y cuesta mucho tener que dejar muchas cosas humanas y apetecibles que nos gustan. Es difícil olvidarse de uno mismo y entregarse todo entero a servir y ayudar a los que nos rodean.

¿Llena una vida meterse a cura?
– Cuando uno siente que, a pesar de todas las dificultades personales y externas, no está solo, sino que tiene cerca de él a Jesús y a muchas personas colaboradoras con él, ser cura llena toda la vida, porque no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

¿Qué puede aportar hoy un cura a la sociedad?
Lo más importante -y que a todos nos cuesta- es olvidarnos de nosotros mismo y ayudar a todos a descubrir que somos más felices cuando hacemos y ayudamos a ser felices a los demás.