
El joven abaranero Joaquín Molina, premio internacional de trompeta en Lodz (Polonia), hizo su debut sinfónico bajo la batuta del también abaranero Javier Victorio y junto a la Orquesta Sinfónica Académica de San Vicente (Alicante), que dirige este último. Fue en la noche del sábado 25 de enero y en un concierto celebrado en el teatro Cervantes de nuestra localidad que el propio trompetista calificó como «Una experiencia inolvidable».
Más de 300 personas se dieron cita en este evento musical en el que sonaron, entre otras, la Obertura Egmont, Op, 84 o la Sinfonía nº3 (Heroica) en mi bemol mayor, op. 55, de Beethoven. Pero, sin lugar a dudas, el concierto para trompeta en mi bemol mayor, de Haydn, con Joaquín Molina como solista, se convirtió en uno de los momentos estelares de una noche en la que también destacó -y de qué manera- la interpretación de ‘Oblivion’ del compositor Astor Piazzolla, una pieza fuera de programa qué levantó al público de sus asientos. «A todas las personas que me acompañaron en esta gran noche, y a quienes no pudieron estar, pero les tuve muy presente, muchísimas gracias. Fue una experiencia inolvidable!!!!», escribe el propio intérprete en su perfil de Facebook.
Erase un joven pegado a una trompeta…
Con la música muy presente en su vida y la trompeta como el instrumento que le acompaña, Joaquín Molina Ruiz tiene por delante una fulgurante carrera artística. Su debut sinfónico ha sido, sin duda, un espaldarazo importante de cara a su futuro como músico en un presente donde recientemente ha ganado uno de los premios del concurso internacional de trompeta celebrado en Lodz (Polonia), durante la primera conferencia internacional de este instrumento.
Javier Victorio a la batuta
No debemos pasar por alto la presencia de otro abaranero sobre el escenario, Javier Victorio, en este caso al frente de la Orquesta Sinfónica Académica de San Vicente (Alicante), en la que está enrolado desde tiempo atrás y donde viene desarrollando un excelente trabajo. Especialmente significativa fue su aportación a este concierto extraordinario, al que le imprimió carácter y personalidad y en el que se notó su madurez como director musical y su buen hacer en una faceta que domina a la perfección.

